MENSAJE RADIAL DE MONSEÑOR EMILIO ARANGUREN ECHEVERRÍA, OBISPO DE HOLGUÍN, CON OCASIÓN DEL COMIENZO DE LA SEMANA SANTA EN TODO EL MUNDO CRISTIANO

9 de abril del 2006

Queridos hermanos y hermanas que me escuchan, amigos todos, les habla el Obispo de la Iglesia de la Diócesis de Holguín que abarca la casi totalidad del territorio de las provincias de Holguín y de Las Tunas. Agradezco a los funcionarios de la Oficina de Atención de los Asuntos Religiosos, así como a la dirección y operadores de Radio Angulo y Radio Victoria, por haber acogido y facilitado la solicitud para grabar y transmitir este mensaje.

El mundo cristiano comienza hoy la Semana Santa. En estos días nos congregamos en nuestras comunidades para celebrar los acontecimientos más importantes de la vida de Cristo. Con el fin de anunciar estas celebraciones se han distribuido los programas y se ha colocado un cartel en las puertas de muchos de nuestros templos y casas de misión y, de acuerdo al horario de cada comunidad, nos reuniremos como hermanos que compartimos una misma fe, para escuchar la Palabra de Dios, orar, entonar cánticos de alabanza, participar en la Santa Misa, interceder por tantas necesidades que hay en el mundo, en nuestras familias y en nuestro pueblo, crecer en amor fraterno entre quienes integramos la comunidad y, también, expresar ese mismo amor a todos los que son nuestros prójimos en la vida de cada día en el vecindario, el trabajo, las aulas, o donde quiera que compartamos la amistad o el servicio a los demás.

Quisiera tener una palabra especial –llena de respeto y cariño– para los que están enfermos e impedidos de participar físicamente en estas celebraciones. También para los más ancianos que ya no salen de la casa pero tienen, junto a ellos, una Biblia, el Crucifijo, la estampa de la Virgen de la Caridad o el texto de algunas oraciones que rezan todos los días invocando de Dios su bendición y protección. A ustedes, queridos hermanos y hermanas, les quiero hacer llegar un mensaje de consuelo, de fortaleza, de esperanza. Sé que lo necesitan, al igual que todos nosotros. Nos vamos a fijar en el ejemplo y en las enseñanzas de Jesucristo, especialmente, en los momentos de su vida que recordamos y celebramos en estos días del Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo, así como cuando compartimos el gozo de la Gloria de su Resurrección en la noche del sábado y el Domingo de Pascua.

Hoy, Domingo de Ramos, celebramos la entrada de Jesucristo en Jerusalén. Él fue a la ciudad para compartir con los apóstoles la fiesta que los judíos acostumbran celebrar con ocasión de la Pascua. Es importante que nos demos cuenta que su entrada la hizo de manera muy sencilla, montado en un burrito, pero las gentes, al saberlo, lo reconocieron y salieron a recibirlo con alegría y cortaron las ramas de los árboles para alfombrar el camino por donde Él pasaba. Nos narra el Evangelio que gritaban: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Tú eres el Hijo de Dios!” (Mc. 11,9-10).

Por eso, en todas las comunidades hoy se reparte el guano bendito, para expresar que también nosotros aclamamos a Jesucristo como Aquel que vino a hacer presente en el mundo un Reino diferente, ya que su Reino es un Reino de justicia, de verdad, de amor y de paz. Así Él se lo dijo a Pilato cuando éste le preguntó: “¿Tú eres rey?”. Y Él contestó: “Tú lo dices, yo soy rey, pero mi reino no es de este mundo”. (Jn.18,36-37). ¡Seguramente muchos cristianos hoy vamos a cantar: “Viva la fe, viva la esperanza, viva el amor, .. que viva Cristo, que viva el Rey”!. Tú que me escuchas, debes repetir lo mismo cuando el hermano o la hermana que visita a los enfermos en tu comunidad, te lleve una ramita del guano bendito que vas a conservar a lo largo de todo el año y que te recordará que tú eres cristiano (que tú eres cristiana) y que cuentas con el apoyo y la fuerza que nos da Dios para vivir como verdaderos discípulos suyos.

El Jueves Santo, en la tarde, ya entramos en el Triduo Sagrado. ¡Es el día del Amor que se expresa en la actitud servicial que debemos tener con nuestros hermanos!. Jesucristo lo expresó de dos maneras. Primero, cuando le lavó los pies a sus amigos como enseñanza ejemplificante de lo que estamos llamados a hacer nosotros con nuestros hermanos. Él nos dijo: “Quien quiera ser el primero que sea el servidor de todos” (Mc.10,44-45). Y después, cuando les repartió el pan y el vino. Entonces dijo: “Hagan esto en memoria mía” (1 Cor.11,25) y, desde entonces, cada vez que el sacerdote celebra la Misa recuerda y actualiza lo que Jesucristo hizo en la Última Cena con los Apóstoles. Jesús había dicho que “no había amor más grande que el dar la vida por sus amigos” (cf. Jn.15,13) y eso fue lo que Él hizo al entregar su vida por nosotros. Por eso muchas veces cantamos (N° 105): “Amar es entregarse olvidándose de sí, buscando lo que al otro pueda hacer feliz”.

Jesucristo se hizo entrega total al morir en la cruz por nosotros, que somos sus amigos. También, por nosotros, quiso quedarse como alimento en el altar donde celebramos la Misa y en el Pan de Vida con el que nos alimentamos al recibir la Comunión, como hombres y mujeres creyentes que sentimos la necesidad de ser fortalecidos por Él, si queremos hacer el camino de la vida como verdaderos cristianos.

El Viernes Santo es día de silencio para mirar a Cristo en la Cruz y, al mirarlo, aprender de Él y renovar nuestra confianza en el amor que Él nos tiene. Martí escribió: “En la cruz murió el hombre (en) un día, pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días” 1. Sí, queridos hermanos que me escuchan, cada persona tiene su cruz. Tú tienes la tuya, muy personal, íntima, tal vez sólo tú la conoces. Tu cruz puede ser física (una enfermedad, una limitación corporal, la propia ancianidad, …) o también, moral –es decir, del corazón– (incomprensión, soledad, disgusto con un ser querido, separación, prisión de un familiar, ingratitud, dominio de un vicio, decepciones, tristezas, …). Cuando tengas entre tus manos el Crucifijo o mires a Jesucristo en la cruz te invito a que renueves tu confianza en Él. Tu cruz no va a cambiar, pero sí vas a sentir una nueva disposición, una capacidad de tu ánimo espiritual para continuar afrontando tu cruz con confianza, valor, dignidad y esperanza. Jesús mismo lo dijo: “Quien quiera seguirme que cargue con su cruz y me siga” (Mc.8,34).

En la tarde del Viernes Santo guarda silencio. Trata de que en tu casa reine el respeto sagrado propio de estos días. Si puedes haz una crucesita con tus propias manos y dásela a un vecino para que la lleve al templo y la coloque al lado del Crucifijo que se venera especialmente en este día. Pídele a la Virgen que te dé la fortaleza que ella tuvo para “estar de pie junto a la cruz de su hijo” (cf. Jn. 19,25-27). Nuestra Madre y Patrona, la Virgencita de la Caridad, lleva en su mano derecha el signo de la cruz, porque de la Cruz de Cristo brotó la vida verdadera que plenifica al hombre y a todo nuestro querido pueblo.

¡Esta nueva vida es la que celebramos en la Noche del Sábado Santo y el Domingo de Resurrección!. Es un día de alegría en el que renovamos nuestra disposición de ser cristianos. Por eso tiene significado especial el agua que es bendecida y que nos recuerda el día en que fuimos bautizados y nacimos a la vida nueva que nos mereció Jesucristo con su Muerte y Resurrección. El pecado –que puede ser: egoísmo, mentira, vicio, violencia, falsos intereses, envidia, resentimientos, rencores, odios, …– fue vencido por la victoria de Cristo que llenó al mundo de su eterna misericordia y nos invita a vivir en amistad con Él porque Él es “el amigo que nunca falla”. Él –desde la cruz– es el Cirineo que nos ayuda y fortalece a cargar con nuestra cruz, a la misma vez que nos hace descubrir que, como Él mismo dijo: “si la semilla no cae en tierra y muere, no da fruto” (Jn.12,24). Por lo tanto, en la muerte y resurrección de Jesucristo se esconde la confianza que tenemos los cristianos –y que tiene la Iglesia que todos formamos–, ya que la Cruz de Cristo es signo de amor entregado, fecundidad y esperanza.

El próximo domingo –Domingo de Pascua de Resurrección– todos los cristianos nos felicitamos porque ¡la luz de Cristo Resucitado venció las tinieblas del pecado humano!. Como bien ha dicho el Papa Benedicto XVI: “¡De la herida de Cristo en la cruz brotó el amor!”, este amor que la humanidad tanto necesita en todos los tiempos de su historia y que, quienes profesamos nuestra fe en Jesucristo, estamos llamados a testificar y actuar para que las familias, la sociedad y el mundo se transformen desde el buen obrar de cada uno de nosotros.

Queridos radioescuchas, especialmente queridos hermanos y hermanas de cada una de las comunidades de nuestra Diócesis de Holguín (y Las Tunas); queridos sacerdotes, religiosas y misioneros, que Dios les conceda celebrar y vivir con mucha fe esta Semana Santa que hoy comenzamos.

No olvidemos de invocar, como regalo pascual, la copiosa bendición de la gracia de Dios sobre tantos corazones secos e insensibles, y también, invocar la bendición de la lluvia sobre nuestros campos y sembrados que tanto la necesitan para así poder lograr mejores cosechas y bienestar.

Para finalizar les imparto mi primera bendición radial como Obispo-Pastor de esta querida Iglesia que peregrina en nuestras ciudades, pueblos y caseríos. Que el mismo Dios les bendiga, a ustedes y a sus familias, en el nombre del Padre + y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

“¡Te alabamos, Cristo, y te bendecimos,

que por tu Santa Cruz redimiste al mundo!”

1 Carta a Gonzalo de Quesada, Montecristi, 1° de abril de 1895. Epistolario, t.5, p.140 (Esta carta es considerada su testamento literario).