A partir de hoy ya soy de aquí

Toma de posesión de Mons. Emilio Aranguren
como Obispo de Holguín

Carlos Amador Jr.
Bayamo
Enero 2006

Mons. Emilio Aranguren sale de la Catedral holguinera sonriendo a sus fieles. Fotos: Carlos Amador Jr.
Fotos: Carlos Amador Jr.

El domingo 11 de diciembre del 2005 amaneció con un fresco muy agradable y un tibio sol que luchaba por abrirse paso. La Catedral de San Isidoro en la ciudad de Holguín se preparaba febrilmente para la celebración litúrgica que marcaría la jubilación de Mons. Héctor Luís Peña Gómez, primer Obispo de Holguín desde la creación de la diócesis hace más de 25 años, y el inicio del servicio pastoral de monseñor Emilio Aranguren Echeverría, obispo de Cienfuegos hasta este momento.

Al filo de la 10 de la mañana el repique incesante de las campanas marcó la llegada de los monseñores Peña y Aranguren acompañados por el Nuncio de Su Santidad, Mons. Luigi Bonazzi. Los fieles que abarrotaban la Catedral los recibieron con cerrados aplausos. En este momento también entraron al templo acompañando a Mons. Aranguren, sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles de la diócesis de Cienfuegos en un significativo gesto de entrega generosa. Había en ellos miradas serenas, aunque no faltaban lágrimas de agradecimiento. Mons. Emilio roció con agua bendita a los asistentes y sus pasos se dirigieron al lateral derecho de la Catedral, donde los tres se recogieron en oración unos momentos en la Capilla del Santísimo.

Mons. Emilio Aranguren comparte con los fieles después de la celebración.

Luego de revestirse con los ornamentos litúrgicos de rigor, acompañados por casi todos los obispos cubanos, y de numerosos sacerdotes de la propia diócesis y de otras diócesis vecinas se inició la celebración. El padre Francisco Expósito, del presbiterio holguinero, leyó la bula del Papa, el documento del nombramiento del nuevo obispo. Posteriormente Mons. Peña le entregó el báculo -signo del gobierno pastoral de la diócesis- al nuevo Obispo y ambos pastores se fundieron en un significativo abrazo, gesto de comunión eclesial. A  continuación el nuevo obispo ocupó la sede episcopal en la que ya es su Catedral.

Mons. Peña tomó la palabra unos minutos para reiterar su agradecimiento a Mons. Emilio por aceptar el nombramiento y, con palabras salidas del alma, recorrió muy rápido los hitos más significativos de su ministerio pastoral y agradeció a todos, el Santo Padre, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos y laicos el camino compartido en los años comopastor de esa diócesis. Les entregó a sus fieles al nuevo Obispo al decir: A partir de este momento con la ayuda de Dios él será para ustedes un pastor y como pastor un padre…Él sabe que desde mi pobreza y debilidad puede contar con mi apoyo, mi amistad, pero sobre todas las cosas con mi oración diaria.

Con el saludo al Obispo de los sacerdotes, religiosas, diáconos y una representación de los laicos de la diócesis culminaron los ritos iniciales de la celebración eucarística.

Luego de las lecturas propias del domingo, Mons. Emilio hizo el comentario de ellas y su aplicación a la realidad concreta y comparó el encuentro de María e Isabel con el encuentro entre dos Obispos: uno que entrega y otro que recibe el pastoreo y al igual que María dijo, que la confianza y la alabanza a Dios, hacen salir de nuestros corazones una cálida acción de gracias.

Ante la pregunta de ¿quién es el nuevo Obispo?, Monseñor Aranguren expresó: Respondería aunando dos expresiones utilizadas por los dos últimos Papas en el día de su elección. Como Juan Pablo II les digo, vengo de un pueblo lejano y a partir de hoy ya soy de aquí, y como Benedicto XVI les digo, soy un humilde trabajador de la viña del Señor que como Obispo de esta diócesis quiero consagrarme totalmente en espíritu, alma y cuerpo para que nuestra iglesia, y yo personalmente como parte de ella, pueda continuar llevando adelante la misión que Jesús le encomendó a los apóstoles.

En emotiva mención agradeció el caminar unido de sus hermanos obispos, en especial el ejemplo de Mons. Peña y Mons. Meurice, a quienes dijo, sentir como padres y hermanos. Saludó a los sacerdotes y diáconos llamándolos a una entrega fiel, comunión de corazones y santidad de vida para ser maestros de oración, forjadores de comunión y servidores de los más necesitados. A los religiosos y religiosas pidió la sabiduría de la contemplación que ayuda a descubrir al Señor. A los seminaristas llamó a la sinceridad profunda con el Señor para discernir la calidad de su entrega.

A las Oblatas misioneras, instituto de laicas consagradas que vive en la diócesis, pidió que nos ayuden a mirar la realidad con una visión positiva generadora de esperanza. A los laicos, en sus diversos estados de vida en la comunidad cristiana y en la social, les pidió disposición y buen espíritu para continuar la misión tan grande que queda por delante. Como especial compañía en el seguimiento de la voluntad de Dios, presentó a María de la Caridad, a la cual desde niño aprendió a llamar la Buena Madre. No faltó en su homilía el agradecimiento a Dios por el tiempo de su ministerio episcopal en su anterior diócesis.

Terminó recordando la invitación del apóstol san Pablo en la segunda lectura: Vivan siempre alegres en el Señor, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda ocasión, pues esto es lo que quiere de ustedes en Cristo Jesús, y añadió: Dios es fiel, por eso estamos alegres y confiados y le pedimos a Él que renueve en nosotros la fraternidad, la comunión y la esperanza.

Al comenzar la plegaria eucarística todos los obispos y sacerdotes concelebrantes acompañaron a Mons. Emilio en el altar. Con la emoción de la primera Misa retratada en el rostro el nuevo obispo ofreció de nuevo el sacrificio del Cordero que se da a su pueblo como alimento. Se volvió a renovar, como cada día, el perfecto sacrificio, de la víctima perfecta, por todo el pueblo.

Cuando finalizó la comunión eucarística fueron acercándose varios fieles de la diócesis con productos típicos de la zona: frutos, tierra de Moa, pinos, agua de la Bahía de Nipe y un gran pescado, todo como signo de la dádiva de sí mismos y del fruto de sus esfuerzos.

Antes de terminar la Eucaristía, Mons. Emilio tuvo la generosa deferencia de pedir unas palabras a Mons. Juan de Dios Hernández, feligrés de esta parroquia, y recientemente nombrado obispo auxiliar de La Habana. A continuación el Señor Nuncio dirigió unas alentadoras palabras a los presentes en las que recordó entre otras cosas la misión de los obispos como sucesores de los apóstoles y su plegaria a Dios para que nos acompañe en este camino.

Para impartir la bendición final Mons. Emilio invitó a todos los obispos presentes a acompañarlo para que fuera una gran bendición para todo el pueblo cubano, de San Antonio a Maisí. La celebración finalizó con una imponente interpretación del Aleluya de Handel que acompañó la procesión de salida.

El autor pertenece a la UCLAP-CUBA.

Mi bendición de Pastor
y mi abrazo de hermano

Mensaje de Mons. Emilio Aranguren a los lectores de En Comunión:

Hoy cuando en la homilía dije que al venir de Cienfuegos para Holguín iba a estar más cerca de la bahía de Nipe y que en alguna ocasión pediría un lugarcito a Rodrigo y a los dos Juanes para tener entre mis manos la imagencita, para seguir anunciándole y dándole a conocer el amor de nuestra Madre a todos los cubanos; cuando lo dije estaba pensando en todos los que hemos nacido en esta tierra y todos los hijos de los que han nacido en esta tierra, porque el amor de una madre no solamente se queda en los hijos, sino que es algo genético espiritual que pasa a los nietos y a toda la familia. En este día de confianza y de esperanza, un día de futuro, recuerdo mucho a todos los cubanos que viven fuera de Cuba, especialmente a todos los hijos e hijas de esta diócesis, y les envío a todos mi bendición de Pastor y mi abrazo de hermano.