Católicos de la isla reflexionan sobre la ética
en los medios de comunicación

Yoel Prado Rodríguez
Cuba

 

Los participantes en el II Encuentro de Comunicadores Católicos, que tuvo lugar en la Casa La Merced, de Camagüey, del 17 al 20 de noviembre, con representantes de casi todas las diócesis de Cuba. Cortesía de En Comunión

Medio centenar de fieles vinculados a la modesta prensa católica que existe en Cuba, participaron del 17 al 20 de noviembre en el II Encuentro de Comunicadores Católicos, evento que finalizó con la discusión y aprobación de un conjunto de principios éticos que guiarán de manera uniforme la labor de los medios de comunicación en manos de la Iglesia.

 “Anunciar la verdad con objetividad y precisión” y “ser fiel a su conciencia”, son dos de las precisiones que hace el documento, sometido ahora a la consideración de la Conferencia Episcopal Cubana. También sostiene que “el compromiso adquirido con las publicaciones católicas debe estar más allá de todo interés personal, sea económico, político o en la vida de la misma Iglesia”.

Aunque sencillo y flexible en algunos de sus acápites, el texto es expresión de la madurez que van adquiriendo los comunicadores cristianos en la Isla, en su mayoría sin experiencia en el terreno del periodismo, pero artífices de la incipiente prensa católica que se abre camino a pesar de las limitaciones y restricciones. Botón de muestra de ese quehacer son las revistas, boletines, hojas parroquiales, noticieros en video, documentales y programas de formato radial que utiliza la Iglesia como parte de su labor evangelizadora.

Coauspiciado por la filial cubana de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación (SIGNIS) y la Unión Católica de Prensa (UCLAP), este es el segundo encuentro de carácter nacional que realizan los comunicadores del país. El primero se efectuó hace dos años y tuvo como eje el tema de la verdad. Esta vez, se reflexionó sobre la ética y las sesiones transcurrieron en la Casa La Merced, de la ciudad de Camagüey, con la participación de casi todas las diócesis.

Tres conferencias aportaron el marco teórico para el debate. La disertación inicial, titulada Antropología y ética, corrió a cargo del P. Antonio Rodríguez, párroco de Artemisa y uno de los clérigos más estrechamente vinculados a la prensa católica de Cuba, quien defendió la tesis de que la ética tiene que fundamentarse en el hombre. Este es en sí mismo un ser ético, el único que posee un comportamiento moral en virtud de su espíritu, su libertad y su responsabilidad. Por eso, cuando la libertad se encuentra anulada o disminuida, el proceder humano no es ético, explicó el sacerdote.

Aclaró que sin la ética el mundo se destruiría, y así lo ponen de manifiesto las guerras, los desastres ecológicos, los atentados contra la vida humana, la corrupción y tantos otros problemas que nos agobian hoy. Siguiendo el pensamiento del Papa Ratzinger, enfatizó que no siempre el progreso técnico se corresponde con el progreso moral, por lo que la ciencia y la tecnología requieren forzosamente de la ética. En su opinión, el comportamiento del hombre no debe asentarse en una moral mágico-tabuística (donde el miedo ejerce un papel central), voluntarista (cuando alguien actúa sin plena conciencia, siguiendo los designios de una autoridad o ley), sociologista (donde prima la fuerza de la costumbre) o utilitarista (cuando buscamos la obtención de algún bien material o espiritual).

A todas esas modalidades incorrectas opuso el comportamiento moral humano, nacido de una decisión interior de la persona, que actúa por el deber, la razón, y no por fuerzas ajenas. Argumentó que este es el eje de la ética cristiana, en cuya perspectiva las normas morales deben ser siempre un reflejo de la naturaleza del hombre, al cual deben enriquecer, no subyugarlo ni esclavizarlo. Hay que reverenciar y dar culto a la dignidad de la persona, recalcó el P. Tony, pues ella existe primero que las ideologías, las filosofías, las religiones y los Estados.

Con un enunciado sugerente, La postmodernidad: basta ya de cuentos, se presentó ante el auditorio el P. Jesús del Pino, del clero de Camagüey, quien habló acerca de uno de los sistemas de pensamiento más difundidos en el mundo de nuestros días. La postmodernidad, dijo, está marcada por lo fragmentario y provisional, y fomenta un hombre hedonista, individualista, preocupado sólo por sí mismo y por disfrutar el momento. Entre los rasgos de esta corriente figuran el nihilismo (negación de cualquier fundamento válido para comprender la vida), el neopaganismo (rechazo del Dios único y verdadero y afán por recuperar los dioses paganos), la disolución del sujeto (un hombre excesivamente individualista, sin compromiso con los demás), y el carácter trágico (percepción del ser humano como una realidad escindida, rota, desgarrada y sin recuperación posible).

Aunque la postmodernidad se va convirtiendo en el alma de muchas sociedades, el joven conferencista apuntó que también hay resistencia a su expansión. Incluso, muchos pensadores cristianos trabajan por dar respuestas inteligentes, no impositivas, al fenómeno. El debate de estas reflexiones sacó a la luz una realidad: en Cuba, pese al hermetismo, ha entrado ya la mentalidad postmoderna, principalmente como reacción al pensamiento dominante. Es algo que la Iglesia debe considerar en su trabajo de evangelización, sobre todo cuando se dirige a los jóvenes.

Un conocido sacerdote y profesor español que ejerce su ministerio en la Isla, el dominico Jesús Espeja, ofreció la tercera conferencia del evento, titulada La libertad en los medios de comunicación: inspiración y horizonte. El experto en Cristología y director del Aula “Fray Bartolomé de las Casas”, comenzó refutando la difundida opinión de que el periodista sólo debe preocuparse por hacer su trabajo, sin importarle mucho las cuestiones éticas. Seguidamente, pasó a definir el rol de la prensa y destacó la libertad “como componente esencial de la persona humana”.

Analizando el ejercicio de la libertad, sostuvo que los mass media no son fines sino medios, el comunicador tiene el deber de informar objetiva y verazmente, y la prensa tiene que impulsar a los seres humanos a tomar conciencia de su dignidad y de la dignidad de los otros. Recordó también que los medios de comunicación están obligados moralmente a promover el compromiso de solidaridad en la sociedad, respetar la dimensión enigmática o trascendente de las personas y optar por los más pobres y desvalidos.

Junto a esas tres conferencias, el II Encuentro de Comunicadores incluyó otros momentos de interés. Dos laicos y un sacerdote integraron un panel que reflexionó sobre si es necesario o no hablar de moral sexual en las publicaciones católicas cubanas. Aludieron a cómo se ha degradado el concepto de sexualidad en el mundo de nuestros días, pero subrayando, con palabras del conocido psicoanalista germano estadounidense Erich Fromm, que “el hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios, no convierte esos vicios en virtudes”. Según los panelistas, la Iglesia no puede renunciar a hablar sobre el tema, comprometida como está en abrir horizontes y dignificar a la persona humana. El quid del asunto es hacerlo sin apelar a viejos discursos que ya no funcionan y emplear un lenguaje renovado, acudir más a los testimonios personales y no realizar concesiones oportunistas.

Otro punto que generó un animado debate fue el de la inclusión de la temática social en los medios de comunicación católicos. Las reflexiones corrieron a cargo del laico habanero Orlando Márquez, director de la revista Palabra Nueva y portavoz de la Conferencia Episcopal Cubana, quien examinó la cuestión a la luz de los documentos oficiales de la Santa Sede. Reivindicó el derecho que tiene la Iglesia de decir su palabra en el ámbito social, aunque sin perder de vista que la prudencia debe caracterizar a los comunicadores católicos. Prudencia que no es sinónimo de cobardía u oportunismo, sino auriga o conductora del resto de las virtudes. “Hay que preservar nuestra identidad eclesial para garantizar la autenticidad del mensaje”, afirmó.

Muy gratificantes resultaron las experiencias audiovisuales exhibidas durante el evento. Desde un programa de formato radial que incluye noticias, vidas de santos, música religiosa y catequesis, el cual se distribuye en casetes de una hora de duración en el poblado de Meneses (costa norte de la provincia de Sancti Spíritus), hasta los documentales filmados en Camagüey con los acontecimientos más significativos de la Arquidiócesis. Mención aparte merecen Pinar del Río y sus publicaciones digitales. Gracias a un buen número de personas dentro y fuera de Cuba, la emblemática revista Vitral tiene un sitio en Internet (http://www.vitral.org/). Al mismo tiempo, la más occidental de las diócesis cubanas ha elaborado y puesto en circulación seis discos compactos, los cuales recogen la conmemoración de la visita de Juan Pablo II, un catálogo de artistas plásticos, los servicios de la Consultoría Cívica, un curso elemental de Windows, el compendio de las publicaciones católicas pinareñas, así como la historia y vida actual de la Diócesis.

Con esta visión reconfortante de los esfuerzos que realiza Iglesia en el terreno de los medios de comunicación, concluyó el II Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos. Signo de esa vitalidad fue la noticia que llegó en medio de las sesiones, cuando se supo que el laico cubano Gustavo Andújar acaba de ser elegido Vicepresidente de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación (SIGNIS), durante un congreso efectuado en la ciudad francesa de Lyon.