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"El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres" fue el sentimiento de los fieles habaneros presentes en la Ordenación Episcopal del P. Juan de Dios Hernández Ruiz, s.j. el sábado 14 de enero en la S.M.I. Catedral de la Habana. Elegido por S.S. Benedicto XVI como Obispo titular de Passo Coruese y Auxiliar de la Arquidiócesis de La Habana La solemne eucaristía, celebrada en horas de la mañana, fue presidida por el Arzobispo Cardenal Jaime Ortega y concelebrada por el Nuncio Apostólico en Cuba y la casi totalidad de los Obispos de nuestra Patria. También se encontraban presentes otros prelados y sacerdotes cubanos y extranjeros que quisieron compartir con la Iglesia que vive en Cuba este motivo de gozo. Muchos miembros de las congregaciones religiosas se unieron en esta fiesta, junto al gran número de fieles que abarrotaban el templo catedralicio.
El consagrante lo fue el Cardenal Ortega, acompañado de Mons. Héctor Peña y de Mons. Emilio Aranguren Obispo Emérito y actual Obispo de Holguín, la diócesis que vio nacer y crecer en la fe y en la vocación al nuevo mitrado. Después de besar el crucifijo en la entrada principal el Padre Juan de Dios se dirigió, acompañado de un efusivo aplauso, a la Capilla lateral de la Catedral para, en solemne recogimiento, pedir a Dios la presencia de su Espíritu en esta ceremonia. Minutos más tardes daba comienzo la ceremonia con la procesión de entrada acompañada por el emblemático himno: "Pueblo de Reyes". Acabado el Evangelio comenzó el rito de ordenación, con la invocación al Espíritu Santo para pedir que el Señor derrame su gracia sobre el que va a ser consagrado. Acto seguido el P. Benjamín, Superior de la Compañía de Jesús en Cuba hizo la petición de ordenación al consagrante principal y Mons. Ramón Suárez Polcari dio lectura al mandato del Santo Padre.
En su homilía nuestro Arzobispo recordaba: "…para que pudiera continuar hasta el fin de los tiempos el servicio de anunciar el Evangelio y de gobernar y santificar al pueblo que se agruparía en el único rebaño que es la Iglesia, los apóstoles eligieron colaboradores a los cuales comunicaron el don del Espíritu Santo que habían recibido de Cristo. De este modo con la sucesión continua de los Obispos se ha ido transmitiendo el ministerio Episcopal…" y dirigiéndose al nuevo Obispo, le dijo: "Sé cuanto cuánto se estremece tu alma en estos instantes, nos abruma a todos, en momentos como este, la carga desbordante que parece pesar sobre nosotros, la desproporción entre la tarea y nuestras fuerzas y tiene que ser así para que desde ahora y cada día de tu ministerio episcopal sepas que todo en ti es obra de Cristo, el Señor, y para su gloria. Ese será tu gozo personal: Que Él crezca…" Haciendo, así, alusión al lema episcopal elegido por Mons. Juan de Dios. Y continuó expresando: "…porque el episcopado que es un servicio y no un honor, no sólo nos compromete a presidir a los fieles sino a vivir para ellos. Tal como nos manda el Señor el que es mayor debe aparecer como el más pequeño y quien preside como el que sirve, amando con amor de Padre pero también de hermano a cuantos Dios te confía…por eso tu corazón pastoral se abrirá a los pobres, a los tristes, a los enfermos a quienes están en prisión… y a todos los que no tienen esperanza… La segunda carta del Apóstol San Pedro nos enseña cómo realizar esta misión: de buena gana, con mansedumbre, no a la fuerza, sin ganar nada, sin que te aproveches de nada, sin buscar privilegios, sin ejercer despóticamente tu autoridad…" Y concluyó diciendo: "confía a la Santísima Virgen tu ministerio Episcopal en Cuba…ella, la Virgen de la Caridad te cubrirá con su manto y hará hermoso y fructífero tu pastoreo". Después de la homilía, siguiendo una antigua regla de los Santos Padres que establece que quien ha sido elegido para el Orden Episcopal sea, ante el pueblo, previamente examinado sobre la fe y su futuro ministerio, el consagrante interrogó al designado recibiendo de éste afirmativas respuestas por lo que, puestos todos de rodillas, pidieron la intercesión de la Iglesia Triunfante con el canto de las Letanías. Al concluir las Letanías el consagrante principal impuso las manos sobre la cabeza del elegido, después lo hicieron también los otros Obispos allí presentes. Este gesto es el punto culminante de la ordenación, es el gesto más antiguo e importante en la Liturgia de la Iglesia y significa la transmisión de la Gracia de Dios y de los poderes específicos que esta Gracia otorga a los que la reciben. Con este gesto y la oración consecratoria el presbítero queda consagrado Obispo de la Iglesia. Inmediatamente se le colocó en la cabeza del ordenando el libro de los Santos Evangelios mientras se decía la oración de la consagración significando que éste será su carga, su corona y su preocupación constante, signo de que anunciar y transmitir el Evangelio de Cristo va a ser su misión y única razón de ser como Pastor de su Pueblo. Inmediatamente después el Arzobispo ungió la cabeza del ordenado y le entregó el libro de los evangelios. La entrega del anillo, símbolo del compromiso con la Iglesia y con el pueblo que le ha sido encomendada, así como la colocación de la Mitra en señal de su dignidad de Pastor y señal del Crisma que los consagra y la entrega del báculo, signo de autoridad episcopal, de la obligación de conducir a su pueblo y de su afán por atraer a aquellas ovejas más alejadas del Señor, cerraron la ceremonia de consagración para luego recibir el abrazo fraterno y el beso de paz de sus hermanos en el Episcopado allí presentes, como expresión de la comunión afectiva y efectiva de todos Al finalizar la eucaristía todos pudimos escuchar las agradecidas palabras del nuevo Obispo Auxiliar. Al concluir sus palabras recorrió la nave central del Templo impartiendo a todos su bendición siendo de especial emoción el encuentro con sus padres ante los cuales se inclinó en señal de reverencia y agradecimiento. Con la bendición solemne impartida por todos los Obispos allí congregados culminó esta gran fiesta de la Iglesia que peregrina en Cuba.
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