Con un gran espíritu de comunión, participamos desde Miami en la Quinta Conferencia del CELAM

Ondina García Menocal
CRECED y En Comunión

El Santo Padre Benedicto XVI, al mes de iniciado su pontificado, en mayo del 2005, confirmó su decisión de continuar los planes para que se realizara una nueva Conferencia Episcopal para América Latina con el lema “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros Pueblos en Él tengan vida: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Benedicto XVI inauguró la V Conferencia en Aparecida, Brasil, el pasado 13 de mayo. Desde mi realidad eclesial, como cubana exiliada, pude, gracias a los avances de la tecnología, presenciar desde la comodidad de mi hogar la Inauguración de esta V Conferencia en Aparecida, Brasil. Recordé con inmensa gratitud en el corazón y lagrimas en los ojos, cuando el Papa Juan Pablo II inauguró la IV Conferencia el 12 de octubre de 1992, con la santa misa en Higüey, Santo Domingo. Hacía sólo dos meses que habíamos clausurado el “Encuentro Internacional de CRECED” en San Agustín de la Florida. Y allí en aquella plaza frente a la Catedral de la Altagracia, rodeada de fieles, entre ellos la delegación de la Iglesia cubana, que habían viajado desde la Isla invitados a participar en la IV Conferencia General (entonces, 30 años después de mi salida de Cuba, no conocía ni tenía familiares, y hoy son mis hermanos). Todavía hoy no sé si los cubanos se percataron de aquella enorme pancarta escrita en polaco, que imploraba del Papa que “Ore por Cuba”. Sin embargo, me imagino hayan compartido la emoción y sorpresa que produjo entre los miles de fieles que me rodeaban el que el Santo Padre, dejando atrás el protocolo de la ceremonia, regresara al altar para responder a aquella solicitud, haciendo que callaran la música y el coro, cuando de los altoparlantes se pedía “¡que pare la música, el Santo Padre quiere hablar!” Y su voz resonó en los micrófonos, pero particularmente en el corazón de los cubanos, porque sabíamos, por sus gestos de acompañamiento hacia nuestra Iglesia y su pueblo, lo que en aquella mañana exclamara ante el mundo entero, diciéndonos: “Yo les aseguro a todos los cubanos que todos los días yo oro por Cuba, por todos los países de América, pero muy particularmente por Cuba”.

Pero las lágrimas este domingo 13, fiesta de la Virgen de Fátima, tan entrañable para el recordado pontífice, eran también signo de gozo. Han trascurrido 15 años y muchos son los testimonios que podríamos dar del fruto de esa oración. El querido papa pudo finalmente realizar su deseado viaje a Cuba en 1998; lo esperaban como “Mensajero de la Verdad y la Esperanza”, pero él mismo añadió que también era Mensajero del Amor y, realmente, ese fue el legado que nos dejó. A través de su pontificado la oración de Juan Pablo II, se hizo sentir en gestos concretos de solidaridad, la realidad cubana mereció siempre su comprensión. Y nuestro pueblo, que es agradecido, le correspondió. Estuve físicamente presente en las cuatro misas que celebró el Santo Padre en Cuba y en las que participé no alzando pancartas, sino abrazada a hermanos y hermanas con los cuales hemos ido construyendo puentes de fraternidad, que abran caminos hacia la reconciliación y el dialogo siguiendo el espíritu que alentó las dos grandes experiencias eclesiales cubanas, dentro y fuera de Cuba: ENEC Y CRECED.

Entre las 266 personas invitadas a la Conferencia nos entusiasma que obispos de Estados Unidos por primera vez participen representando la presencia hispana. Pero una delegación en particular me hizo sentir presente. Lo sentí al escuchar las palabras que pronunciara a los participantes el Cardenal Giovanni Battista Re, en el primer día de trabajo; al dar inicio a las reuniones de la Conferencia indicaba que el “único criterio que debe conducir los trabajos de esta importante reunión eclesial es “el amor sin límites a Cristo”. Indicando seguidamente que este amor debía generar “un gran espíritu de Comunión”.

Este suplemento de la Voz Católica, En Comunión, es fruto de ese amor a Cristo y del espíritu de comunión que ha inspirado nuestras relaciones eclesiales con los que hoy son amigos, que respetamos y admiramos y por quienes oramos, ya que forman parte de la Delegación que representa a la Iglesia en Cuba:
 

•     Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana.

•     Mons. Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camagüey y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC).

•     Mons. Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín y Administrador Apostólico de Cienfuegos, quien es además Presidente del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

•     Pbro. René Ruiz Reyes, Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Sacerdotes de la COCC.

•     Hna. Gloria Pérez Pupo, MIC, Presidenta de la Conferencia Cubana de Religiosos.

•     Srta. Rita María Petrirena Hernández, Responsable del Departamento de Coordinación Pastoral de la COCC.
 

El papa, al inaugurar esta Conferencia, subrayó que el “mismo Espíritu que animó a las anteriores, da ahora un nuevo impulso a la evangelización de nuestros pueblos”. Recordemos que también el ENEC surgió en Cuba después de Puebla, y las Comunidades de Reflexión Eclesial Cubana en Diáspora (CRECED) con Santo Domingo.

¿Qué podemos esperar después de Aparecida? Confiemos en la intercesión de María, Estrella de la Evangelización. Ella nos invita también a renovar el discipulado de los bautizados, y a emprender con valentía la Gran Misión Continental que se espera. Así, nuestro pueblo dentro y fuera de Cuba también tendrá Vida en Él.

 


Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino. Arzobispo de San Cristóbal  de la Habana.


Monseñor Juan de la C. García Rodríguez. Arzobispo de Camagüey.


Monseñor Emilio Aranguren Echeverría.
Obispo de Holguín.


Presbítero René Ruiz Reyes.


Hna. Gloria Pérez Pupo. MIC.


Señorita Rita María Petrirena Hernández.