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Obispos de Cuba en la radio Varios obispos cubanos tuvieron la oportunidad de enviar en esta Semana Santa mensajes radiales
El Arzobispo de Santiago de Cuba y Administrador Apostólico de Bayamo, Mons. Dionisio García Ibañez, habló desde esta ciudad y contaba: “Hace casi 2,000 años ocurrió un hecho trágico y a la vez grandioso, que ha marcado la historia de la humanidad; es el acontecimiento más comentado y discutido a través del tiempo, todavía hoy tiene actualidad y vigencia: en Judea, en la ciudad de Jerusalén, murió un hombre que había nacido de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo. De Él dice la Biblia que era Dios con nosotros. Pasó por la vida haciendo el bien, curando a los enfermos, dando esperanza a los pobres y a los oprimidos, sanando los corazones afligidos, perdonando los pecados; predicó el Reino de Dios, que es un Reino de justicia, de paz, de perdón y de misericordia”. Al terminar recordaba que esta semana “es de reconciliación con los que estamos enemistados, de perdonar de corazón las ofensas que nos han hecho y, a la vez, de hacer un examen de conciencia y preguntarnos si hemos hecho algún mal a otro y, además de tener el valor de pedir perdón, de reparar el mal que hemos hecho y, sobre todo, de ser fieles a Jesucristo, comprometiéndonos a seguirle”. Mons. Wilfredo Pino Estévez, Obispo de Guantánamo-Baracoa en su alocución trasmitida por la CMKS de Guantánamo, decía: “Ciertamente, las 52 semanas del año debieran ser semanas santas. ¡Qué lindas serían todas las semanas del año si fueran semanas sin pecado, sin robos, sin violencia, sin insultos, sin hijos llorando el divorcio de sus padres, sin esposas sufriendo las borracheras de sus esposos, sin lágrimas, sin adulterios, sin abortos, sin egoísmos, sin discusiones, sin broncas, sin mentiras, sin divisiones! ¡Qué lindas serían todas las semanas del año si las aprovecháramos para hacer el bien, para consolar al triste, para ayudar al necesitado, para acompañar al enfermo, para compartir más con la familia, para aconsejar al que piensa mal, para arreglar matrimonios que están ‘en el pico del aura’, para arreglarnos con los que estamos peleados! ¡Qué lindas serían todas las semanas del año si en ellas ningún cubano dijera frases como éstas: murió para mí”… “perdono, pero no olvido”… “yo a ella no le hablo”… “él me la va a pagar…!” Mons. Emilio Aranguren Echevarría, Obispo de Holguín y Administrador Apostólico de Cienfuegos, quien tuvo varias intervenciones radiales –Tunas, por Radio Victoria; Holguín, por Radio Angulo, y Cienfuegos por Radio Ciudad del Mar– reflexionó: “Muchas veces me he preguntado por qué tantas personas se identifican con Jesucristo Crucificado, ya que son muchos los que se acercan a la Iglesia en busca de un crucifijo. Me he dado cuenta de que es porque descubren en Cristo una gran dosis de solidaridad con nuestros sufrimientos humanos, y eso hace que se le sienta cercano, capaz de comprender a cada uno en su situación específica”. “Jesucristo en la cruz se acerca a los que sufren, es el hermano que comprende a cada hombre o mujer que padece en su cuerpo con los dolores físicos, o en su corazón con los dolores morales. El sufrimiento no tiene la palabra final; la cruz es fecunda porque ‘si morimos con Cristo viviremos con Él’ (cf. Rom. 6,8). La fe en Cristo es fuerza que impulsa la historia de cada persona, comunidad y nación, porque si es verdad que nos tocan las marcas de su cruz, también nos llega la fuerza de su Resurrección, que impide que nos desanimemos y nos resignemos.” Mons. Mario Mestril Vega, Obispo de Ciego de Ávila, comentaba: “¿Por qué la muerte y Resurrección de Jesucristo son los fundamentos de la fe cristiana? Porque, con su muerte, Cristo destruyó nuestra muerte y, resucitando, nos dio nueva vida. ‘Si Cristo no resucitó –dice el Apóstol San Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 15– vana es nuestra fe’ (v. 17). ¿Cómo podría Cristo librarnos de la esclavitud de la muerte, si ni Él mismo se pudo librar de ella? ¿Cómo podríamos creer en Dios si ahora no le vemos y nunca tendríamos la oportunidad de encontrarle?” “La Resurrección de Cristo es la que pone una luz de esperanza en la vida de los hombres, es la que da sentido a nuestra existencia. Por esa razón es la fiesta de las fiestas cristianas.” Mons. Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camagüey, explicaba en el Programa Meridiano, de Radio Cadena Agramonte, trasmitido el 2 de abril, la significación de los días de la Semana Santa, y terminaba diciendo: “Buenas noticias para ti, que sufres, lloras, estás agobiado y angustiado. Jesucristo, el abofeteado, el calumniado, el empujado, el escupido, el preso, el coronado de espinas, el crucificado, muerto y sepultado, ha vuelto a vivir para siempre, y la muerte ya no tiene dominio sobre él”. “Si Cristo venció, nosotros podemos vencer el mal y vivir plenamente la vida de hijos de Dios, recibida en el bautismo, y dejar atrás la maldad; y así encaminarnos hacia Cristo, que vive para siempre en la gloria del cielo… Porque Cristo ha resucitado los católicos llevamos con orgullo una cruz sobre nuestro cuerpo. A todos los que lo deseen, les obsequiaremos un pequeño crucifijo para ser llevado sobre el cuerpo y manifestar nuestra fe en Cristo muerto y resucitado. Pueden pedirlo desde el Lunes Santo (día 2 de abril) al Miércoles Santo (día 4 de abril) en el Arzobispado de Camagüey. Los que lo deseen pueden pedirlo por correo”. El P. Jesús Marcoleta, en nombre del Obispo de Matanzas, Mons. Manolo de Céspedes, se dirigía a todos los matanceros por las ondas de Radio 26, recordando que: “Todos necesitamos en la vida encontrarnos con Dios. En Dios hemos puesto nuestra esperanza, porque situando en Él nuestras expectativas y horizontes, caminando hacia Él, buscando en Él todo lo que nos ennoblece y nos hace crecer, no quedamos defraudados”. Después de exponer la significación de la Semana Santa, expresaba: “La Cuaresma y la Semana Santa son más, pueden ser mucho más que celebraciones rememorativas. Cuaresma y Semana Santa son tiempos para renovar la fe y la esperanza…” “La culminación de todo este proceso es la resurrección. La Resurrección de Jesús y tu propia resurrección. Dios Padre resucita a Jesús y, con ello, muestra que estaba realmente con él y con su causa”. “Aquí está también la fuente de tu esperanza y de la mía. Porque Dios está definitivamente contigo y conmigo”. Todas las intervenciones terminaron con una bendición donde se incluyó a los enfermos y necesitados, los niños y las familias, los centros de trabajo y estudio, los presos y los que sufren, los que no le encuentran sentido a sus vidas, los que se han alejado de la fe y los que no encuentran fuerzas para abandonar su vida de pecado; todos, creyentes y no creyentes recibieron la bendición del Señor. |