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El P. Kubala y el Castillo de Jagua Miguel Albuerne Mesa
El P. Daniel Kubala lleva a la Comunidad del Castillo de Jagua en su corazón, según ha dicho. De ahí que el 2 de febrero, día de la Presentación del Señor, haya hecho un paréntesis, ausentándose de la segunda Asamblea Nacional de Caritas Cuba, en La Habana, a la que había asistido como invitado, para celebrar una eucaristía en el templo de este pintoresco pueblito, asentado a la entrada de la Bahía de Cienfuegos. Manifestó sentirse muy emocionado y muy feliz por haber podido compartir nuevamente con los miembros de esta comunidad, en la cual estuvo evangelizando el año en que S. S. Juan Pablo II visitó Cuba. Los meses de julio y agosto de 1998 conocieron de su presencia evangélica en lo que el propio P. Kubala definiría como “una misión de amor”. Una vez de regresó a su parroquia de Santo Tomás Apóstol, en Miami, Estados Unidos, y a la escuela parroquial que dirige, declararía: “Fui a Cuba con el propósito de ayudar a la Iglesia, pero me di cuenta que fue todo lo contrario, ellos me ayudaron a mí”. El Castillo de Jagua es una fortaleza construida a la entrada de la bahía en el siglo XVIII, con el objetivo de proteger la zona del asedio de los corsarios y piratas que por entonces merodeaban por el Mar Caribe. Es anterior a la fundación de la ciudad de Cienfuegos, el 22 de abril de 1819, y atesora leyendas como la de la “Dama Azul” y mucha historia, como el hecho de que durante el tiempo que duró la toma de La Habana por los ingleses, fue sede del gobierno colonial español. Pero, según el P. Kubala, lo más importante que tienen este pequeño poblado y otros asentamientos cercanos radica en la calidad humana de sus habitantes. Dicen algunos que han visitado su oficina en Miami, que en ella pueden verse fotos del castillo y de su gente, a la cual el P. Kubala recuerda y quiere entrañablemente. Pese al poco tiempo disponible, celebró misa, paseó por sus empinadas calles, dialogó con su lenguaje de cercanía y amor con un grupo de niños que jugaban, así como con las personas que se encontró a su paso; y la noche lo sorprendió tomando café en una casa amiga. En esta ocasión el P. Kubala vino a la reunión de Caritas en La Habana, acompañado, entre otros, de Mons. Thomas Wenski. En 1998, para la despedida del P. Kubala, Mons. Wenski estuvo en Cienfuegos y nuestra revista Pasos le hizo una entrevista. En una de sus partes, refiriéndose a los cubanos de aquí y de allá, dijo: “Son un mismo pueblo y una sola Iglesia viviendo en dos realidades distintas, pero guiados por el mismo Espíritu”. En nombre de todos, gracias, P. Kubala, por contribuir a la reconciliación de nuestro pueblo a través del amor y de la entrega generosa. Gracias, P. Kubala, por llevarnos en su corazón. Y gracias a Dios por habernos hecho el regalo de su presencia siempre misionera entre nosotros. |