|
|
|||||||||
|
|
Más que nombramiento, una tarea Raúl León P.
El 27 de enero, la más oriental de las diócesis cubanas, Guantánamo, recibía a su nuevo obispo, Mons. Wilfredo Pino Estévez. Una gran cruz con el lema “Cristo vive”, prestaba alegría y colorido a la plaza Pedro A. Pérez, que acogía a los miles de fieles venidos de todo el territorio diocesano, portando carteles que indicaban las comunidades a que pertenecían, y a los cientos de camagüeyanos que querían acompañar a su querido Padre Willy. Se encontraban presentes muchos sacerdotes de otras diócesis; varios procedentes de otros países, entre ellos el Superior General de los Claretianos, P. José María Avella, y el Provincial, P. Héctor Cuadrado.
Todos los obispos de Cuba participaron en la ordenación episcopal, cuyo consagrante principal fue el arzobispo de Camagüey, Mons. Juan García, que en su homilía recordó la labor en esas tierras de San Antonio María Claret, rogando al Señor que el Padre Willy pueda repetir esas hazañas y se sirva de los medios modernos de comunicación social. Recordó las raíces del nuevo Obispo: P. Olallo, P. Valencia, Mons. Adolfo… y terminó pidiendo a las comunidades de los distintos municipios de la diócesis, que acojan y ayuden a su nuevo pastor. Al finalizar la eucaristía, el nuncio apostólico Mons. Luggi Bonazzi, dio a todos los saludos del Papa, recordó la edificación de la Diócesis y el trabajo espiritual y material desarrollado por Mons. Carlos Baladrón, primer obispo diocesano. Posteriormente, se dio lectura al mensaje enviado por Mons. Baladrón: A mi hermano Wilfredo Pino Estévez, y a todos los guantanameros-baracoenses. Con mi más sincero deseo de la gloria de Dios, recibe mis oraciones para que, lleno de la gracia episcopal, puedas seguir haciendo crecer en todos los fieles de Guantánamo-Baracoa, el amor a Cristo y a su Iglesia, única razón de toda nuestra vida y de todos nuestros esfuerzos. Que el Señor te ilumine, te fortalezca y sostenga en esa difícil y hermosa tarea. A ti y a todos los guantanameros-baracoenses –a quienes llevo siempre en mi corazón– les suplico me tengan presente en sus oraciones.
Los quiere siempre, Por su parte, Mons. Willy, con palabras emocionadas, se preguntaba “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Gracias le doy a nuestro Dios, rico en misericordia, y a la vez le pido que, al igual que ha estado a mi lado en mis años sacerdotales, ahora me siga acompañando y enseñando a ser obispo”. El nuevo obispo señaló que, “más que nombramiento, es una tarea: ser el pastor y padre de todos los guantanameros: los católicos y los que no lo son; los creyentes y los que no lo son; los del llano y las montañas; los que viven aquí y los que residen o trabajan en otros países. Ojalá que con mi testimonio de vida ellos me lleguen a considerar su obispo”. Al finalizar la eucaristía, todos en procesión se dirigieron a la catedral para que el nuevo obispo tomara posesión de su diócesis. Al llegar al templo –pequeño para los miles de asistentes que, desde el parque aledaño, participaron de la ceremonia–se cantó el Himno Nacional y Mons. Willy, desde el balcón, dijo: “Quisiera que esta primera bendición que voy a darles desde esta Santa Iglesia Catedral, llegue a todos los municipios de esta bella tierra… Que esta bendición llegue de manera especial a los enfermos y necesitados; a los niños; a los matrimonios en dificultad; a los discapacitados; a los que se sienten solos; a los presos y a los que sufren; a los que no le encuentran sentido a sus vidas; a los que se han alejado de la fe. y a los que no encuentran fuerzas para abandonar su vida de pecado”. También tuvo presentes a los sacerdotes, religiosas, diáconos, seminaristas y fieles todos, señalando: “Y que esta bendición sea igualmente una palabra de bien para los hermanos de otras religiones, o los que no tienen ninguna”. Y finalizó impartiendo su bendición a todos. Que Dios bendiga a la Iglesia que peregrina en Cuba, y a todos sus obispos. |