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La religiosidad popular, una mirada desde la Iglesia Pbro. Raúl Rodríguez Dago Provengo de un mundo de religiosidad popular, y no es hasta los 14 años que recibo el Santo Bautismo, en julio de 1978. Todas las experiencias de fe vividas en mi infancia y adolescencia están marcadas por la piedad popular que se ha vivido tradicionalmente en muchas familias cubanas. El respeto y la veneración por las imágenes, el ponerles flores o encenderle velas, arrodillarse delante de ellas, la visita a los templos, las celebraciones de las fiestas de la Virgen, de los Santos, las promesas… El mundo de la religiosidad popular está marcado por el corazón, es una religiosidad donde se vive una fe marcada por los sentimientos. Algunos no están de acuerdo con este tipo de religiosidad, porque dicen que no compromete a la persona. A veces, en nuestra formación católica vamos al otro extremo y presentamos una fe que va muchas veces a lo puramente racional; forma grandes cerebros que conocen muchas verdades de fe, pero nos olvidamos de los sentimientos del corazón que llevan a una fe expresada en detalles y delicadezas, con el Señor y con los hermanos. Éste sería uno de los grandes valores que puede aportar el mundo de la religiosidad popular, a nuestras comunidades cristianas, en un intercambio sano y enriquecedor. Los que hemos realizado misiones, tocando puerta a puerta para entregar las imágenes del Corazón de Jesús, la Virgen de la Caridad o llevar el Niño Jesús a los hogares, quedamos impresionados por la acogida que tienen ambos signos en una inmensa mayoría de hogares y familias, descubriendo la importancia que poseen para estos hermanos los signos religiosos. El concepto de religiosidad popular es bastante amplio, y abarca desde la religiosidad popular marcada por las prácticas de devociones de origen católico, hasta la marcada por las diferentes prácticas de sincretismo de origen africano, o en su vertiente del espiritismo, siendo éste un tema muy complejo que merece ser tratado en otros ar-tículos. Pertenecen a este mundo aquellas personas que viven la fe (a lo que se ha llamado en medio de nuestro pueblo “yo soy católico a mi manera”), pertenecen a la Iglesia por estar bautizados, hay una conciencia de pertenencia, pero sin ningún tipo de compromiso y de práctica religiosa dominical. Este sector de nuestro pueblo en diferentes momentos acude a bautizar a sus hijos –ya sea por tradición familiar, porque crean que es algo bueno o por consejo de otros–; ofrecen misas por sus difuntos; piden oraciones, medallas, crucifijos y las llevan consigo; acuden a los santuarios en peregrinación para pagar promesas en fechas destacadas –ya sea en honor de la Virgen de la Caridad, Santa Bárbara, San Lázaro o San Judas Tadeo– y conservan y veneran en sus casas imágenes de estos mismos santos; acuden el Domingo de Ramos para recoger el guano bendito; es un mundo que busca y respeta mucho los sacramentos, además de sentir gusto por el agua bendita y la bendició de objetos o personas. Es importante percatarnos de los valores del mundo de la piedad popular para descubrir las semillas del Verbo presentes entre estos hermanos, y así encontrarnos con los instrumentos de expresión que aparecen con especial insistencia, como son: las imágenes; las fiestas religiosas, que son los grandes acontecimientos de la vida cristiana que rompen con la monotonía de la vida; las procesiones –llamadas el “sacramento del pueblo”, ya que en ellas se manifiesta la fe espontánea de las personas que participan cuando tiran flores al paso de la imagen, la tocan con veneración, aplauden. El Encuentro Nacional Eclesial Cubano, celebrado en la Ciudad de la Habana, del 17 al 23 de febrero de 1986, recogió los frutos de la Reflexión Eclesial Cubana (REC), que durante cinco años llevó a todas las comunidades católicas a reflexionar sobre su ser y misión en Cuba. En la Tercera Parte de su Documento Final, Acción Pastoral de la Iglesia, en el capítulo II “Fe y Cultura”, al describir la composición religiosa de la sociedad cubana, refiriéndose a los católicos hace la siguiente distinción: “católicos comprometidos visible y activamente con la comunidad cristiana, católicos que no participan activamente en la comunidad cristiana, católicos que no participan asiduamente en la comunidad cristiana y que incorporan sincréticamente en su fe elementos de espiritismo y de las religiones africanas” (Documento Final del ENEC, No. 509: 136). “El hecho de que los elementos religiosos y artísticos de la cultura africana hayan coexistido junto a los provenientes de una cultura católica, se debió a que la Iglesia no mantuvo una actitud estrictamente cerrada a los mismos. Cierto grado de sincretismo religioso fue tolerado en algunas ocasiones por la Iglesia. Hoy debe ser un campo de atención pastoral, objeto de relación fraterna y de diálogo entre fe y cultura, ya que por la riqueza que encierra, puede contribuir al crecimiento de la comunidad eclesial y a la unidad civil” (Documento Final del ENEC, No. 514: 138). En la Instrucción Pastoral de los Obispos de Cuba, con motivo de la promulgación del Documento Final del ENEC, con fecha de mayo de 1986, se nos dice: “Un sector privilegiado y priorizable a nuestro parecer es el sector de aquellos cuya fe descansa en devociones y tradiciones… En Cuba hay todavía muchas ‘llamas que aún humean ‘(Is 42. 3). La especificidad católica marca el modo de ser creyente de mucha gente. Además la religiosidad popular en Cuba incluye las diversas formas de sincretismo religioso con referencia al catolicismo y a las diversas religiones animistas de origen africano. Esta forma de religiosidad popular merece un tratamiento pastoral particular”. Frente a la realidad de la religiosidad popular, nos damos cuenta de que hay un largo camino para la oración y el trabajo. Quisiera terminar con tres pistas que nos entregaban en la reflexión que hacían los misioneros, con quienes estoy plenamente de acuerdo: acogida y diálogo con lenguaje sencillo y respetuoso, sin herir; aprovechar fuertes momentos de la liturgia para catequizarlos y evangelizar desde los signos que utilizan. (Este artículo ha sido condensado por razones de espacio; si desea leerlo en su totalidad, puede encontrarlo en la revista Espacio Laical Digital: http://www.espaciolaical.trimilenio.net/) |