Huyendo al llamado

Sammy Díaz

Jonás es el quinto de los profetas menores y el libro es realmente muy corto y distinto de todos los relatos de profetas. Este Jonás es un profeta que Dios llama para predicar la conversión  a los enemigos del pueblo de Israel. Todo el relato es una ironía. Lo manda a Nínive en la confluencia de los ríos Tigres y el Eufrates, ciudad comercial importante de Babilonia, ubicada cerca de la que hoy es Mosul, en Irak. Jonás enseguida se puso en camino para huir a Tarsis, que quedaba bien lejos, posiblemente cerca del  hoy puerto de Cádiz, en España. Durante la travesía se forma una tormenta y los marineros paganos les rezan a sus distintos dioses, y Jonás se acuesta a dormir. Cuando lo despiertan y le piden que le rece a su Dios, al fin  admite que él está huyendo de Dios y la tormenta es por su  culpa. Y si lo lanzan al mar se aplacaría la tormenta. Irónicamente, los compañeros paganos tratan de salvar la nave remando hacia tierra para no tener que tirarlo, pero, cuando se convencen de que no hay otra alternativa, le piden a Dios perdón por lanzarlo al mar; la tormenta se calma y los marineros paganos se convierten al Dios verdadero. Jonás llega al fondo del océano y se siente perdido, pero el Señor envía un gran pez que se lo trague. Otra ironía del relato: un temido monstruo marino es la salvación de Jonás. En el vientre del pez se arrepiente y Dios le da otra oportunidad. El pez lo deja en la costa y Jonás se va a Nínive. Predica que en cuarenta días va a ser destruida. El pueblo empieza a hacer penitencia, llega a oídos del rey, que también hace penitencia y ordena a todos hacer ayuno. Al ver esto, Dios cambia de opinión y decide no castigar a Nínive. Jonás, en vez de sentirse contento de que su prédica diera frutos, se siente disgustado y le dice a Dios que por eso había huido a Tarsis. Porque sabía que era un Dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar,  y termina diciéndole que no puede vivir si Él perdona a los enemigos. Yahvé  le pregunta: “¿Tienes razón para ponerte así?” Jonás se va fuera de la ciudad y se hace una choza para esperar lo que sucederá. Dios hace crecer un árbol de ricino para que le dé sombra, y al día siguiente manda un gusano a destruir el árbol. Jonás se enfada de nuevo y Yahvé le dice: “Te afliges por un árbol que no te ha costado nadah que no has hecho crecer ¿Cómo yo no voy a tener lástima de Ninive, con 120,000 personas y muchos animales?”

Este relato está lleno de ironía, y la razón por la que lo comparto contigo es porque, en mi vida en la diáspora, he vivido muchas situaciones parecidas. He actuado como casi todos los personajes. Quizás tú también. El Señor nos indica un camino y nos echamos a correr hacia otro lugar.  Cuando creamos una situación caótica, y mientras otros tratan de resolverla, nos hacemos los bobos o dormidos, a ver qué pasa. Recuerdo cuando, pasando por una crisis, me ha ayudado gente que quizás no consideraba importante, y hasta con valores distintos. Aunque las circunstancias los obliguen a tirarnos por la borda, como hicieron los marineros del relato, para salvarse de mis errores. Cuántas veces Dios me ha mandado un pez grande que, en vez de devorarme, me ha protegido y salvado. Cuántas veces, como Jonás, hemos predicado sin tener fe, o lo que es peor aun, esperando no tener resultado,s para ver el castigo de Dios, y después asombrados de los resultados nos ponemos “bravos” con Dios porque no  “castiga a los malos”. Pero, aun así, Jonás es un relato que nos puede ayudar mucho a darnos cuenta de que los planes de Dios son distintos a los nuestros y Dios se ocupa de todos los seres humanos, no de un grupito de buenos.