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La Ermita de la Caridad: Cuarenta años de historia
En septiembre de este año 2006 se cumplieron 45 años de mi destierro de Cuba sólo por ser sacerdote. Y en febrero se habían cumplido 40 años de haber llegado a esta Arquidiócesis de Miami. Al ser expulsado el 17 de septiembre del 1961 de mi patria, junto a otros sacerdotes, hacia España, me ofrecí como misionero en la Sociedad de Misiones Extranjeras (PME), al lindo sur de Chile, donde pasé 4 años de inolvidable ministerio sacerdotal. Al pasar por Miami de mi regreso del Canadá, donde había hecho mi retiro espiritual ignaciano, me entusiasmaron mis coterráneos cubanos con la idea de la inminente solución de la libertad de Cuba. Me decían que ese año 1966 se resolvería todo. Pensé entonces que era mejor quedarme para regresar desde aquí a la Patria. Pasé un corto tiempo con el buen Padre Vallina en San Juan Bosco, quien me acogió como a un hermano. Una tarde lo llamaron de la Catedral, pidiéndole la ayuda de un sacerdote que hablara español. Monseñor me llevó y allí me quedé sirviendo por más de un año a la fervorosa comunidad hispana, donde la mayoría era de cubanos que llegaban cada día a través de los Vuelos de la Libertad.
Allí conocí y trabajé con un grupo ejemplar de sacerdotes americanos, y también conocí al Obispo Coleman F. Carroll, primer pastor de esta Arquidiócesis. En los primeros días de septiembre de 1967, el mismo Arzobispo Carroll me nombraba como director espiritual del nuevo santuario que el quería que los cubanos levantaran en Miami en honor de la Patrona de Cuba, para el cual había ofrecido un valioso terreno junto al Mercy Hospital. Me asustó la idea, pero me dispuse a trabajar en el proyecto, siendo consciente de que carecía de la experiencia en la pastoral de santuario. El 8 de septiembre de ese mismo mes, trasladaba el arzobispo la imagen de la Virgen de la Caridad de la Parroquia de San Juan Bosco a la capillita que habían levantado los cubanos bajo la dirección del comité pro-santuario. La imagen era la misma que había llegado de Cuba en 1961 y había presidido la primera reunión multitudinaria del exilio cubano en el viejo estadio de Miami, ya hoy desaparecido. Fue en esta capillita, hoy convertida en el Convento de las Hijas de la Caridad, donde comenzó la historia. Desde el principio comenzaron a peregrinar grupos de los 126 municipios de Cuba, orando por la libertad de la Patria. Un río humano comenzó a pasar, río humano que no se ha detenido hasta el día de hoy. Carecían de todo, pero les sobraba la fe y la devoción a la Madre de Dios bajo el nombre de Virgen de la Caridad, devoción que habían recibido de sus padres desde pequeños. Venían con saquitos de centavos, que es lo que tenían, con la ilusión de que un día la Madre del Cielo tuviera su casa en este exilio. Soñaban con un santuario que fuera construido por todos. Ofrecían la primera hora de su trabajo en la factoría donde trabajaban. Era un sueño entonces que se hizo realidad más tarde. La devoción del numeroso grupo que pasaba constantemente hizo que el Arzobispo Carroll nos llamara a fundar la Cofradía de la Virgen de la Caridad en junio de 1968. La Asociación creció mucho y se hizo sentir en miles de exiliados, y con un comité que supo aprovechar este entusiasmo vimos bendecir la Ermita actual, cuando el arzobispo trajo al Cardenal Krol, presidente de la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos, después de 6 años de infatigable trabajo, el 2 de diciembre de 1973. Con gran alegría recibíamos en 1975 a las Hijas de la Caridad, para atender noche y día la casa de la Virgen, a las cuales se les ofreció un convento. Difícil era responder a las necesidades del sanutario, pues carecíamos de un local donde las Hermanas pudieran trabajar con el generoso grupo de voluntarios que, desde el principio, habían comenzado en la obra y nunca la abandonaban. Así nos sentimos satisfechos al terminar en 1981 el salón de trabajo adyacente al convento de las Hermanas. Había fallecido el Arzobispo Carroll, padre de la obra, en 1977, y le sucedió el buen Arzobispo McCarthy, quien continuó interesándose por el santuario y consagró el altar en una hermosa ceremonia litúrgica, en 1994. La cofradía continuaba trabajando por ampliar el santuario, ya que el número de peregrinos iba creciendo cada día, y el 31 de mayo de 1998, el dinámico Arzobispo Favalora bendecía la capilla del Santísimo Sacramento y la nueva ampliación de la Ermita; reconociendo el magnífico trabajo de la Cofradía la elevaba al rango de Archicofradía. La familia crecía y la necesidad de un amplio local para reuniones se hacía evidente. Con el gran esfuerzo de todos se logró terminar el Salón Varela, así nombrado en honor del gran sacerdote que “enseñó a pensar” al pueblo cubano, y que será siempre el punto de referencia para preguntarnos si bien pensamos. También se terminaba el Rincón Patriótico, donde recordaríamos a todos los caídos por la libertad de la Patria, y donde se instalaría el busto del Apóstol Martí que había llegado desde Cuba, el cual fue obra de los niños de la Beneficencia en La Habana, institución que atendían las Hijas de la Caridad. Así, con la bendición por el Arzobispo Favalora de estas dos obras, el pueblo cubano devoto de la Virgen de la Caridad celebraba el año 2000 para comenzar el tercer milenio. Al cumplirse los 150 años –en el 2001– de la llegada a Cuba del santo Arzobispo Antonio María Claret, Apóstol de la Evangelización de nuestro pueblo, quisimos recordarlo con el precioso mosaico que se levanta en nuestro jardín, y lo bendijo el buen Arzobispo McCarthy en su última visita a esta Ermita. El Padre Varela había sido declarado Siervo de Dios y el proceso caminaba en la Congregación de los Santos, preparándonos para el momento en que la Divina Providencia quisiera que los cubanos lo viéramos elevado a los altares. De ahí que la Archicofradía quisiera tener una estatua del P. Félix Varela, semejante a la que se encuentra en San Agustín de la Florida, en el lugar donde él murió en 1853. Se mandó a hacer en Roma, y el costo de $38,326.50 se recogió en centavos, para que todos tuvieran la oportunidad de tener una parte en la misma. El 24 de febrero del año 2002, con la presencia del Arzobispo John C. Favalora, arzobispo de Miami, y predicando Mons. Felipe de Jesús Estévez, se develó la estatua en los jardines de nuestra Ermita, y desde entonces todos los que pasan por este lugar se detienen a pensar frente a ella. Al cumplir mis 75 años en 2003, fecha en que corresponde la jubilación del obispo, tuve el gusto de ver nombrar al nuevo Rector, P. Oscar Castañeda, a quien conocí de seminarista y quien me acogió como un hijo a su padre. Al llegar el próximo 2007 se cumplirán 40 años de que un día comenzamos en este lugar. La oración nunca ha cesado por la paz del mundo y la evangelización y libertad de Cuba, así como la de todos los países que han sufrido el mismo huracán marxista. Muchos que tanto trabajaron desde el comienzo ya no están aquí, y estarán viendo su obra desde el cielo. Yo aún vivo y, como testigo de esta historia, agradezco al Señor Jesús, con nuestra Madre de la Caridad, el poderla contemplar terminada en este 40º aniversario de su comienzo. Y a mi pueblo, que la ha levantado con los sudores y lágrimas del destierro, le pido que continúe cuidándola para que, al ser contemplada por las generaciones futuras, no olviden que la fe de un pueblo hizo mover montañas.
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