Me llevo una gran gratitud de Cuba

P. Raúl Rodríguez Dago
Párroco de Quemado de Güines

Hna. María del Pino Batista González
Cortesía de En Comunión

El 5 de septiembre leía en las noticias de la Agencia Zenit:

ROMA, martes, 5 septiembre 2006.- “La hermana María del Pino Batista González, Dominica Misionera de la Sagrada Familia, natural de Canarias, ha sido elegida priora general en el capítulo que la congregación ha celebrado en Bolivia, informa la agencia Ivicon.

“Desde que ingresó en la congregación en 1954, ha desempeñado diferentes cargos de responsabilidad y gobierno en su congregación. Actualmente trabajaba como misionera en Cuba, en la ciudad de Pueblo Grifo.

“La Congregación de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia fue fundada en Canarias en 1895, con el fin de responder a las necesidades de la promoción de la mujer. Hoy en día la Congregación cuenta con presencias en España, América y África”.

La noticia me animó a visitar el barrio de Pueblo Griffo, donde las hermanas tienen su convento al lado de la Capilla construida en honor del Santo Cristo de Limpias en el año 1955, por los Padres Dominicos, misioneros de los barrios periféricos de la ciudad de Cienfuegos, y convertida hoy en Parroquia del Santo Cristo.

Tres hermanas residen en la sencilla y acogedora casa, a donde llegaron el 23 de enero del 2001, siendo acogidas por el entonces Obispo de Cienfuegos, Mons. Emilio Aranguren.

Conversar con la hermana María del Pino se convierte en un encuentro fraternal; la conocía desde que participó como delegada de la Diócesis de Cienfuegos en la I Asamblea Nacional de Misiones, celebrada en La Habana, en mayo del año pasado.

Persona de vida sencilla, enfrascada en los trabajos cotidianos, viviendo su consagración como misionera en el barrio de Pueblo Grifo, que ya es para la Hna. María del Pino, no un punto más en la geografía diocesana, sino un lugar muy especial en su corazón y en su oración diaria.

La experiencia misionera en Bolivia, durante la cual trabajó cuatro años en Cochabamba y cinco en la Santa Cruz, sumada a la de Cuba donde lleva cinco años, la han enriquecido en su vida religiosa.

En Cuba, nos dice “he aprendido una gran lección, que me ha ayudado a simplificar la vida, a quedarme con lo esencial, a relativizar las cosas. He descubierto en las personas que me rodean, la capacidad de afrontar la vida con serenidad y con humor”.

“En el barrio todos nos han acogido, los que pertenecen a la comunidad y los vecinos. Ha sido una acogida de respeto, que nos ha llevado en estos cinco años, a compartir con ellos las celebraciones de alegría y los momentos de dolor”.

“Al marcharme me llevo una gran gratitud” y sus palabras se interrumpen por una lágrima que corre en silencio por sus mejillas.