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Koinonia E pluribus unum
María C. Campistrous No sé bien de quién es esta frase atribuida a Virgilio, mas no importa. San Agustín la emplea en sus Confesiones para describir la amistad y así la he sentido yo en estos días de encuentro “Iglesia-Iglesia” entre cubanos, porque si una es la nación cubana con su pueblo disperso por el mundo, una es también nuestra Iglesia católica cubana: la que peregrina en la isla y la que ora, sufre, trabaja y espera en comunión con ella a una orilla y otra de la mar océana. Hay algo intangible, indescriptible y profundo que toca en mí ser clarinada cada vez que, cual regalo divino, me siento parte y comparto con la diáspora cubana. Creo que este compartir no es solamente don, también es tarea, responsabilidad indeclinable de decir a otros lo que juntos vivimos, proclamar sin ambages que es mucho más lo que une frente a lo que separa. Y bien sabemos que, si el que divide vence, es porque sólo en la unión está la fuerza. “La verdad quiere cetro”, decía el Maestro. Yo siento una verdad que me quema y sale a flote en estos encuentros. Como cristianos hemos de ser los primeros en hacer puentes, dar el paso que acorta la distancia y extender los brazos en busca del abrazo, despojándonos de ideas preconcebidas que separan cual mitos ancestrales. ¿Por qué hablar de aquí y de allá, de superiores o inferiores? Es todos juntos, y sólo juntos, que podemos construir futuro. …Vuelve a resonar en mis adentros el lema nacional americano que tan bien describe sus orígenes: “De varios, uno”. Parece un sueño, pero no es imposible. Un verdadero e pluribus unum es nuestro reto como Iglesia para convertirlo en sentir de nuestro pueblo. Lo plural es lo natural y hay que aceptar como buena y deseable la pluralidad, que es característica distintiva de la libertad. Pensamos diferente y vivimos inmersos en pueblos y culturas distintas, pero uno es nuestro amor a la Patria, pues compartimos por igual raíces y anhelos. Por ello, como en sordina, siento vibrar en lo más íntimo el pensar martiano: “abrazo sea el mar y uno los cubanos de la Isla y los de fuera”. El Señor de la Historia, que sostiene nuestra esperanza, nos hermana; sólo así, en comunión fraterna, podremos construir la República cordial con todos y para el bien de todos, donde el bien común sea el común bien que todos procuremos. |