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¿Un diálogo a media voz? Sammy Díaz
Las relaciones humanas van influyendo en unos y en otros, porque la cultura no es estática sino dinámica. La cultura, por otra parte, es el intercambio de conocimientos y experiencias humanas, materiales y espirituales, que facilita la comunicación entre los individuos de una sociedad en el medio donde viven. La cultura, por sus expresiones artísticas, su lenguaje de la calle, sus manifestaciones externas del vestirse, caminar, y reaccionar ante los hechos más simples, nos moldea en nuestra manera de expresar la alegría, el dolor, la frustración, la esperanza. Durante todos estos años, la cultura de los cubanos en Estados Unidos ha ido evolucionando con la influencia del medio donde vivimos y con la llegada de cada nueva ola de inmigración. Mientras tanto, los cubanos en Cuba también han evolucionado, y durante este tiempo han recibido influencias culturales de otros lugares. En los años 90 hubo momentos de apertura; los cubanos podían regresar a Cuba con facilidad y servían de puente de dos vías: llevaban la influencia de la cultura del exterior al país y empezaban a facilitar cambios culturales. Del 2l al 25 de enero de 1998, SS. Juan Pablo II visita Cuba y lanza su lema: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Yo regresé a Cuba por primera vez después de 38 años durante esta visita, y vi con mis ojos la realidad del pueblo cubano. No me sentía extraño en la calle con el pueblo; me quedé en una casa de familia, donde alquilé una habitación y, aunque no eran creyentes, la pasé muy bien, Surgieron intercambios de académicos, líderes religiosos, y especialmente entre familiares y amigos. Luego regresé en dos oportunidades más a Cuba, en funciones de la ayuda de Cáritas. Siempre me quedé en casa de familias para compartir las realidades. Experimenté que los elementos básicos de nuestra cultura –acoger al visitante, compartir las alegrías y reírse de la adversidad– siguen siendo parte de nosotros. Se notaban cambios en las gentes con la llegada de parientes y amigos que llevaban regalos y ayuda. La solidaridad empezaba a dar frutos. Se sentía que “el diálogo se está dando a media voz en la calle, en los centros de trabajo, en los hogares”. Como dijeron los obispos cubanos en El Amor todo lo espera, el 8 de septiembre de 1993. Esto terminó bruscamente hace unos años y vinieron los cambios duros, el aislamiento académico y religioso, las limitaciones en los viajes. Los de aquí evolucionamos nuestra cultura con las influencias de allá, pero los de allá no tienen esa oportunidad. Una gran parte de nosotros aquí, ni conocemos la realidad cotidiana, ni la cultura de la calle en Cuba por experiencia personal, sino sólo a través de lo que nos dicen o nos imaginamos. De igual manera, muchos allá sólo conocen lo que les dicen o se imaginan de nosotros. Todavía prevalece la actitud política firme, producto del dolor y el resentimiento en contra de “alguien y su régimen”, que se sobrepone a la solidaridad y apertura a un pueblo que sufre. Por eso es importante la labor de En Comunión para sanar heridas. Todavía muchos se inclinan a pensar que la política cambia la cultura y crea los valores, cuando en realidad el cambio de cultura y valores es lo que cambia la política. Pero mi reflexión no es política, sino pastoral. Pablo VI, en su exhortación apostólica“Anuncio del Evangelio Hoy”, nos enseña que la evangelización se realiza tomando elementos de la cultura de los pueblos sin someterse a ella, pero impregnándola con valores. La Iglesia de Cuba entiende eso, y su labor cotidiana –pequeña quizás, anónima la mayoría de la veces, pero encarnada en su realidad– avanza gradualmente, anunciando el reino. Tanto ellos como nosotros vivimos en nuestra realidad, sin de verdad conocer la otra. Tenemos, quizás, información, pero no la vivencia. Los cubanos en otros países tienen la oportunidad de visitar a sus parientes y amigos. Nosotros, los que vivimos en Estados Unidos, somos los que estamos aislados. |