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Buscando palabras en la incertidumbre
Mons. Felipe de Jesús Estévez El anuncio de la transmisión de poder político en Cuba, el pasado 31 de julio, conmovió profundamente a la población del sur de la Florida. Fueron muchas las llamadas pidiendo la orientación de la Arquidiócesis de Miami. El Arzobispo John Clement Favalora decidió publicar un breve mensaje para dejar constancia de la solidaridad de todos los fieles católicos de la Arquidiócesis con la nación cubana. El mensaje refleja el hecho de que, ante el anuncio con tan mínima información, hubo una reacción inicial de “cautela” y de espera hasta conocer más detalles. De todas formas, este evento tenía las características de ser histórico, y querían los obispos que todos los fieles, desde Cayo Hueso hasta Deerfield Beach, participaran de este acontecimiento. Hablamos de “esta hora”, expresión escueta que emplea el Evangelio de San Juan para revelar el designio del Padre, que se cumple a través del sufrimiento, pero que desemboca en la esperanza y la luz. Los obispos reconocen que es tanto el dolor y es tan grande la herida en el alma de este pueblo, que ante un cambio político, le invitan al predominio de la razón (al buen juicio) sobre la emoción desbordante (calma). Mons. Eduardo Boza Masvidal lo decía con claridad luminosa: “el gran mal del mundo de hoy es la visión parcial, apasionada y exagerada, es decir, la visión desequilibrada de las cosas, que nos lleva a adoptar posiciones perjudiciales y negativas. Estas tensiones y este desequilibrio los vemos en distintos campos de la actividad humana. Por eso hace falta: equilibrio en la Iglesia, equilibrio en la sociedad civil, y equilibrio en nuestros problemas cubanos”. Define el mensaje que lo que se ha de buscar es una sociedad civil democrática, basada en el cumplimiento de los derechos y deberes de sus ciudadanos. Acto seguido, se convocó a la oración pública en las 115 parroquias de la Arquidiócesis, en favor de “todo el pueblo cubano”, queriendo incluir a todos sin excepción. Finalmente, se invoca a que la Virgen de la Caridad –el ser que representa a la Madre para todos los cubanos– proteja bajo su manto a todos, para que se reúnan –re-unan–, palabra que descarta cualquier tipo de división. ¿Cómo puede la nación cubana lograr esa difícil unidad? Los obispos, siguiendo las enseñanzas del Papa Juan XXIII, Paz en la Tierra, nombran el triunfo de la libertad, la verdad y la justicia, cuyo efecto es lo que más añora este sufrido pueblo: ¡la paz! |