La gradualidad y la audacia tienen su ritmo y su precio

Palabras de Dagoberto Valdés en la Velada cultural por el 12º aniversario de la revista Vitral, en la Catedral de Pinar del Río,
el sábado 17 de junio de 2006.

Querido Sr. Obispo Mons. José Siro González Bacallao:
Distiguidos Sres. Embajadores y demás miembros del Cuerpo Diplomático:
Estimados miembros del Jurado del Concurso Literario Vitral 2006:
Queridos hermanos de otras religiones, confesiones cristianas y de las asociaciones fraternales:
Apreciados miembros de la sociedad civil, especialmente las Damas de Blanco, Premio Sájarov:

 

Querido amigos todos:

 

Dagoberto Valdés pronunciando sus palabras por el 12° aniversario de Vitral. Foto: Cortesía de Dagoberto Valdés

Vitral cumple 12 años inmersa en el perenne contrapunteo cubano entre la incertidumbre y la esperanza. En la sombra sabemos que ganará la esperanza.

Que hayamos llegado hasta aquí es, para nosotros, en sí mismo, un motivo de aliento y acicate.

Celebramos este nuevo aniversario como quien recibe un mensaje claro venido de la realidad de los hechos y no de los prejuicios y los miedos. Ese mensaje que compartimos con todos ustedes es muy sencillo:

-    Tiene sentido vivir y quedarse en Cuba a pesar de todo. Tiene sentido cuando uno encuentra un pequeño proyecto al que entregar su vida. Tiene sentido vivir y quedarse aquí cuando uno encuentra un leve espacio donde respirar, trabajar por algo bueno, compartir las angustias y remontar el desarraigo y el desaliento.

-    El mensaje que recibimos de la experiencia de estos doce años es que la verdad no necesita muchos trabajadores ni recursos. La verdad trabaja sola y por cuenta propia. Aunque, como a todos los cubanos, a ella le gustaría ser protagonista de empresas cada vez más amplias y profundas.

-    Algo más al mirar el mensaje de estos doce años: Toda obra que aspira a durar en condiciones inhóspitas debe empezar por los pequeños pasos. Reafirmamos, una vez más, nuestra fe en la fuerza y la eficacia de lo pequeño. Es la fuerza de la semilla y la eficacia del sembrador. Sólo hay que dejar que el tiempo, que es tierra fértil y franca, haga su trabajo. El tiempo siempre pone la semilla en su lugar, fecunda la vitalidad de los proyectos y permite a la verdad florecer cuando escampan las adversidades.

-    La gradualidad y la audacia tienen su ritmo y su precio. Hay que respetar el ritmo para no perder el espacio y hay que pagar el precio para que se tome en serio la responsabilidad asumida. Y hay que trabajar duro y soñar despiertos y aguantar sin límites. Con la vista puesta en el horizonte, no en las miserias humanas. Con el alma enhiesta para que no nos venza el desánimo y con el corazón abierto, porque es la única puerta por donde entran y salen con libertad los cubanos y cubanas hacia ese recinto en el que se mezclan, como el criollísimo ajiaco de Fernando Ortiz, el amor a Cuba y el amor a Cristo. Que es decir amor a la libertad de la luz, a la verdad que nos hace libres y a la fraternidad que hará de todos nosotros, sin exclusiones, una nación próspera y feliz.

-    El camino, ya lo sabemos, es el diálogo, a pesar de toda terquedad y violencia, a pesar de toda frustración y cerrazón de puertas: otras se abrirán, porque las iremos abriendo entre todos o porque el tiempo las abrirás ineludiblemente.

Quiero terminar de introducir esta velada rememorando aquel siglo fundacional de nuestra nacionalidad en el que los avatares de la historia, que nosotros los cristianos llamamos Divina Providencia, provocaron la conjunción de varias circunstancias y personas para que se fundara una nación. Los que enseñaron a pensar con cabeza propia fundaron la nación. Eso ocurrió ya, pero no de una vez. Cuba, como cualquier país, necesita renovación y refundación sobre los mismos cimientos de Varela y de Martí. Quienes dediquen su vida a enseñar a pensar y a vivir en libertad y responsabilidad, refundan para cada tiempo la nación. Y si no se hace por desidia o por poder, se anquilosa la nación, como si se le secara el alma.

En aquel entonces surgió un obispo español, a quien Martí llamó el más cubano de los obispos españoles, que fue el Obispo Espada. Su episcopado siguió el camino milenario de la Iglesia como mecenas de las artes, la cultura y la civilidad. Siguieron a Espada en Cuba, siglos después, obispos como San Antonio María Claret, Enrique Pérez Serantes, Evelio Díaz y Adolfo Rodríguez Herrera y Pedro Meurice Estíu. Algunos peregrinan todavía aquí, otros ya llegaron.

Deseo, en nombre del consejo de redacción de Vitral, y de todos los colaboradores que han entregado parte de sus vidas a este proyecto en estos doce años, confiarles una convicción que nos ha animado interiormente y nos ha sostenido en el duro camino: esa certeza es que el Obispo José Siro González Bacallao es un digno e intrépido continuador de esa pléyade de pastores que se han unido de tal forma a su pueblo, que han sufrido con él hasta lo indecible. Es más fácil para un cubano cristiano, luchar y sufrir, levantarse y seguir, amar y esperar, cuando delante de nosotros, cayado en alto y pie en tierra, enfangado con las lágrimas y el sudor de su pueblo hecho sandalias, camina franco y valiente, sereno y dialogante, firme y magnánimo, un pastor que “da la vida por sus ovejas”.

¡Larga vida, pontífice entre Dios y tu pueblo y entre los distintos pontones que legítimamente lo conforman en la diversidad¡

¡Ad multos annos, profeta de la verdad y la libertad¡

¡Dios te guarde, Pastor y testigo, porque por amor a tu pueblo cubano y pinareño te has convertido cada día en sacerdote, víctima y altar¡

Obispo, padre y amigo fiel: un día dijiste que Vitral y el Centro Cívico eran las dos niñas de tus ojos. Y nosotros, tus hijos y amigos, hemos tratado de que por tus ojos, bien abiertos y límpidos, tu pueblo pudiera ver lo mejor de Cuba y lo mejor de Dios.

Cuenta siempre con nuestro cariño entrañable y nuestra plegaria agradecida.

Vitral está en las manos de Dios, y tú y nosotros también.

Muchas gracias.