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Cardenal cubano hace primera visita a Los Ángeles El Cardenal Jaime Ortega, de La Habana, enfatiza la unidad de todos los cubanos, dondequiera que ellos vivan.
Ellie Hidalgo
Visitando la comunidad cubana de Los Ángeles por primera vez, el Cardenal Jaime Ortega Alamino, de La Habana, expresó su esperanza de que los cubanos de fe permanezcan unidos dondequiera que ellos vivan. “El amor de Jesús nos une. Ésta es una unidad que nadie puede romper”, dijo el Cardenal Ortega en español a una congregación de más de 800 personas, en la iglesia de La Sagrada Familia, de Glendale, el 18 de junio. El cardenal, quien sirvió varios términos como presidente de la Conferencia de Obispos Cubanos y ahora encabeza la agencia de ayuda católica humanitaria Cáritas Cuba, habló a los obispos de Estados Unidos en su junta de primavera, en una sesión a puerta cerrada, el 16 de junio. Dos días más tarde, celebró la Misa de las 12:30 p.m. en La Sagrada Familia con diez sacerdotes como concelebrantes, incluyendo a varios sacerdotes nacidos en Cuba y que ahora sirven en Los Ángeles. Católicos cubanos y feligreses de La Sagrada Familia aplaudieron cuando el cardenal entró por el pasillo central hacia el altar, saludando a los feligreses. Celebrando la fiesta de Corpus Christi, el Cardenal Ortega, de 69 años, reflexionó sobre cómo Jesús se apareció a sus discípulos en la gloria de su cuerpo resucitado, mostrando todavía las llagas de su pasión y crucifixión. El sacrificio está siempre presente en la vida de un cristiano y en la Iglesia, dijo el Cardenal Ortega, quien estuvo recluido en campos de trabajo obligatorio en 1966, después de la revolución cubana de 1959, cuando los sacerdotes estaban siendo expulsados o encarcelados.
Hoy los cubanos en la isla encuentran severas restricciones para viajar, por parte del gobierno de Fidel Castro. En los Estados Unidos, los cubanoamericanos enfrentan tensas restricciones para viajar a Cuba como parte del embargo comercial de Estados Unidos en contra de la isla, permitiéndoseles visitar a miembros cercanos de su familia solamente cada tres años. “Algunas veces es dolorosa la diferente cultura, la distancia, la realidad de no estar con los seres queridos cuando uno quiere”, dijo el cardenal. “Nosotros tenemos la capacidad de perseverar a través de las dificultades de la vida”. La auténtica vida cristiana –añadió en su calmada voz de barítono– permite a la gente poder sufrir y mantenerse en paz. Al final de la Misa, el cardenal ofreció una bendición especial a los padres por el Día de los Padre. El Cardenal Ortega, un hombre que no parece tener prisa, listo para sonreír, saludó a todos los que querían hablar con él en el jardín de la iglesia y, más tarde, en el salón parroquial. Muchos lo abrazaban con emoción, recordando décadas pasadas, cuando lo conocieron en Cuba o recibieron de él los sacramentos. Gisela Valle recordó cómo su primo, el entonces P. Jaime Ortega, no dejó Cuba después de la revolución comunista. “Él dijo que su obligación estaba en Cuba. Él quería luchar por la Iglesia en Cuba”, dijo Valle, feligesa de la Parroquia de las Bienaventuranzas de Nuestro Señor, en La Mirada, junto con su esposo, Gerardo. Mario Tepanes, un feligrés de la iglesia de San Timoteo, en Los Ángeles, dijo que él piensa que la primera visita del cardenal a Los Ángeles “es una afirmación de la comunidad de fe cubana aquí”. Tepanes dijo que él participa en la Misa anual de los cubanos en Los Ángeles, en honor de la patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. El P. Diosdado Martín, nacido en Cuba y capellán de la comunidad católica de Los Ángeles, dijo que la visita del cardenal significó la inherente unidad del pueblo cubano. “Entre los cubanos, algunos de nosotros estamos allá y otros de nosotros estamos aquí, pero no estamos separados”, dijo. “Hay muchísima alegría con esta reunión”. Después de una recepción en el salón parroquial, que incluyó pasteles y pastas de guayaba de la popular pastelería cubana de Glendale Portos, el cardenal procedió a responder durante una hora preguntas hechas por escrito. Intencionadamente, evitó las preguntas políticas, diciendo que las dejaría a personas que entienden más de política. Habló de la renovación de iglesias dilapidadas y de los esfuerzos de evangelización de la Iglesia Católica. Desde la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en 1998, han aumentado a miles de personas las procesiones anuales en honor de Nuestra Señora de la Caridad. Sin embargo, el gobierno cubano, que lleva en el poder más de 47 años, no permite a la iglesia abrir escuelas católicas. El Cardenal Ortega, bien versado en la historia de los ex gobiernos comunistas de la Europa del Este, dijo que ha consultado con obispos que vivieron ese período. “La Iglesia necesita estar siempre viva y presente. Nosotros no podemos estar ausentes en ninguna sociedad” dijo. “No podemos actuar con métodos que carecen de amor. Nosotros, como cristianos, tenemos que tener el mismo estilo que Cristo”. El cardenal señaló que, con motivo de la visita de Juan Pablo II a Cuba, el pontífice pidió a Fidel Castro que hablara con el gobierno comunista vietnamita para que permitiera a la Iglesia Católica de Vietnam nombrar nuevos obispos, una solicitud que Vietnam concedió a la Iglesia. La estrategia, dijo el Cardenal Ortega, es importante. “Miren cómo la visita de Juan Pablo II a Cuba sirvió para nombrar nuevos obispos en Vietnam. Nuestra actitud tiene que ser totalmente pastoral y cristiana”, un camino que reconoce que puede ser muy difícil. Su solución ha sido mantener el retorno al Evangelio. “El día que la cruz les sea quitada a los cristianos, ésta ya no será más la Iglesia de Cristo”, dijo. Miembros de la gran comunidad cubana de Los Ángeles dijeron que el cardenal dio testimonio de la vida cristiana, de paciente sufrimiento y gozosa esperanza. Ada Fernández-De la Rosa, miembro de la Agrupación Católica Cubana Caridad del Cobre (una asociación de grupos católicos cubanos de Los Ángeles), dijo que a ella le conmovió la serenidad del cardenal frente a la adversidad. “Su paz le da mucha fuerza. Esto es esperanzador para la iglesia en Cuba” dijo Fernández-De la Rosa, añadiendo que el cardenal también envió un mensaje a los cubanos en la Diáspora. “Él nos llama a ser fuertes en la fe y también en la caridad”. Publicado en el periódico Vida Nueva, de la Arquidiócesis de Los Angeles. |