Roma y La Habana, dos ciudades unidas en el Espíritu

Lenier González
Cuba

Misa en la Catedral de La Habana, en vísperas de Pentecostés. Preside Su Eminencia el Cardenal Jaime Ortega y Alamino; a su lado están Mons. Alfredo Petit, Obispo Auxiliar y otros concelebrantes. En esa Misa se celebró el envío de los Movimientos Eclesiales. Cortesía de En Comunión

“Los movimientos eclesiales quieren y deben ser escuelas de libertad, de verdadera libertad. En este mundo, tan lleno de libertades ficticias, que destruyen el ambiente y al hombre, queremos, con la fuerza del Espíritu Santo, aprender juntos la auténtica libertad (…) de los hijos de Dios”. Así sentenciaba con fuerza el Santo Padre Benedicto XVI en la tarde del sábado 3 de junio, víspera de la fiesta de Pentecostés, momentos después de dar la bienvenida en la Plaza de San Pedro a unos 350,000 miembros de los nuevos movimientos y comunidades eclesiales. Horas después, y casi desde el otro lado del mundo, la voz del Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, se sumó a la del Romano Pontífice en un claro signo de comunión apostólica: “Los nuevos movimientos eclesiales son frutos genuinos del Concilio Vaticano II que, impregnados de un cálido espíritu apostólico, transforman el corazón del hombre por medio del Amor”.

Su Eminencia el Cardenal Jaime Ortega y Alamino durante la Homilía de la Misa.

Rememorando aquel primer encuentro convocado por Juan Pablo II en 1998, un mar humano, que no pudo ser abrazado por la columnata de Bernini, se congregó en Roma junto al Papa y a los líderes de más de 100 movimientos eclesiales de todo el mundo. Aproximadamente seis horas después, los representantes de los movimientos laicales de nuestra querida arquidiócesis habanera nos reuníamos en la Catedral de San Cristóbal de La Habana por iniciativa de nuestro arzobispo, Cardenal Jaime Ortega. Ambas vigilias constituyeron un bello testimonio de unidad en medio de la diversidad propia de la Iglesia Católica, y un signo patente de la acción del Espíritu Santo en medio del mundo.

Chiara Lubich, fundadora de la Obra de María (Movimiento de los Focolares), Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio y Mons. Julián Carrión, sucesor de Mons. Luigi Lusiani y actual presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, fueron los principales animadores de la cita romana. En La Habana, tres jóvenes representantes de cada uno de los movimientos antes mencionados expusieron al numeroso público presente en la catedral habanera las características de estas nuevas realidades eclesiales existentes en nuestra arquidiócesis, signo visible de la vertiginosa expansión que han tenido en el mundo estas realidades del Espíritu. Se encontraban además otros movimientos laicales que han acompañado a la Iglesia cubana en su misión evangelizadora en medio de nuestro pueblo: el Movimiento Familiar Cristiano, el Movimiento de Mujeres Católicas, el Movimiento de Trabajadores Cristianos, la Frater, el grupo Pro Vida, las órdenes seglares franciscana, dominica y carmelita, la Legión de María y la Adoración Nocturna.

Mons. Alfredo Petit dirigiéndose a los delegados de los diferentes movimientos, en compañía del Diácono Luis Entrialgo, asesor espiritual de los Movimientos Eclesiales.

Lo mismo en Roma que en La Habana, los platos fuertes de ambas veladas corrieron a cargo del Papa Benedicto XVI y del Cardenal Jaime Ortega: en dos bellísimas homilías pletóricas de alusiones al accionar del Espíritu Santo, abordaron varios temas de gran importancia para la Iglesia y el mundo actual. Las palabras del Papa en Roma, y las del cardenal Ortega en La Habana, no se limitaron a un mero discurrir teológico. Ante una multitud fervorosa, Benedicto XVI afirmó con gran ímpetu que Dios “no es un fantasma, no es simplemente un espíritu lejano, un pensamiento, una idea”. Y añadió: “Cristo vive en la imagen de Su cuerpo, que es la Iglesia. Y nos define así: somos apóstoles, profetas, evangelizadores y maestros”. El llamado que hizo el Papa a la encarnación de los laicos en medio del mundo fue refrendado por el Cardenal Ortega, quien instó a los movimientos laicales de la Arquidiócesis de La Habana a ser “dóciles al llamado del Espíritu” y a ser signos de la solidaridad y la fraternidad en medio del pueblo cubano.

Hablando de Pentecostés, el Papa afirmó que “el Espíritu Santo, dando vida y libertad, también dona la unidad”. Esta idea fue abordada por el Arzobispo de La Habana, llegando a afirmar que “la unidad plena del género humano sólo es posible mediante la Verdad”. La unidad en medio de la diversidad de dones y carismas fue tema obligado en ambas reflexiones.

Al término del segundo encuentro mundial en Roma, el balance inmediato dejaba clara constancia del crecimiento de las nuevas realidades eclesiales. Al mismo tiempo, se nota que buena parte de los movimientos y nuevas comunidades han dado pasos concretos en cuanto a sintonía con los obispos diocesanos y al “espíritu de comunión” con el resto de la Iglesia, dejando atrás individualismos y maximalismos.

En cuanto a nuestra realidad diocesana, resulta aleccionador constatar cómo se van articulando estas nuevas realidades eclesiales en plena sintonía con las líneas de trabajo de la pastoral de conjunto de nuestra arquidiócesis. Ambos encuentros fueron una muestra visible de la vitalidad de la Iglesia en medio del mundo.

Publicado en el suplemento digital del consejo Arquidiocesano de Laicos; para recibirlo, enviar un email a mailto:arzhabana@cocc.co.cu, y especificar como sujeto “casa laical”.