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Palabras sobre Mons. Pérez Serantes María Caridad (Macucha) Campistrous Fue un Jueves de Pascua hace ya casi cuatro décadas. Era el día de “su” Pascua Se fue al Padre como el hijo sencillo que ha cumplido un deber, con sus manazas de pastor fiel al Señor y al rebaño repletas, rebosantes por su vida de entrega sin límites, plenas del cariño y la gratitud de un pueblo –creyente o no– que había encontrado en él la voz valiente de quien no teme clamar por la justicia y pregonar la verdad, a tiempo y a destiempo, y al precio que fuere necesario. ¿Sabría él del cariño ferviente, la admiración profunda y el agradecimiento callado de cuantos le conocieron? ¿Intuiría acaso que su ser y su actuar marcarían la historia de la Iglesia cubana del Siglo XX? ¿Qué penas le dolían por su grey? Hoy quiero recordarlo en la grandeza de su sencillez, con su sonrisa amplia que sabía ser carcajada, sus ocurrencias de niño grande y sus consejos de sabio. Su prudencia profética y esa cercanía paternal que emanaba su figura gigante. ¿Cómo olvidar que le decíamos “el abuelo”, si a veces se comportaba como tal? Anoche, la Catedral que tan bien le conoció y tantas veces se estremeció con su verbo certero y oportuno, que supo también de armas largas paseando por sus naves mientras él presidía en los altares, fue testigo primero del Documental Esta noche es mi Pascua, que rinde tributo a su memoria para tantos desconocida y por otros ignorada... Recuerdos, vivencias, nostalgias, alegrías, gratitudes... ¡Cuántos sentimientos, tal vez hasta encontrados, provocó este documental! Puéblese este momento de recuentos pastorales de proyectos, del deseo –que es necesidad– de conocer su obra y su pensar. Allá, junto al Padre, quizá riendo tras una nube, Enrique Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago de Cuba, sigue cuidando de éste, su pueblo querido, y pide por nuestra Patria al Señor de la Historia. Santiago de Cuba |